Color Poesía

por Rodrigo Ferreyra

Pienso: ¿Seré yo?

¿Seré yo? ¿O son los demás?
Amaneció nevando en Neuquén. Aproveché a sacar algunas fotos, y mientras fotografiaba algunas flores en el jardín del patio interno de la empresa en la que trabajo, escuché un maullido lastimoso. Mientras intentaba ver de dónde provenia el maullido, escuché un segundo quejido, aún más fuerte. Entre las plantas, debajo de un arbusto, un gato visiblemente enfermo, mojado y con frío, agonizaba crispando las uñas con la poca fuerza que le quedaba. No supe qué hacer. Sabía que el desdichado estaba condenado a morir, o por su enfermedad, o por la hipotermia. Én principio me dió lástima pero intenté no involucrarme sentimentalmente. Sabía que estaba en mi trabajo, y no tendría permiso ni escusas para salir del trabajo. Espere un rato, fui a mi oficina y los maullidos retumbaban en mi mente. Volví al lugar donde estaba el pobre bicho. Ahi estaba aun, medio vivo y medio muerto. Se retorcia de dolor y yo no hallaba qué hacer. Empecé a desesperarme. Busqué a los de mantenimiento y les informé. Dijeron que irían... pero nunca fueron. Espere media hora y no llegaban. Volvi a ver al animal y al regresar a mi oficina me crucé con mi jefe. Le comenté la situación y me dijo
-y bueno... hacete cargo...
-es que llamé a la gente de mantenimiento pero no me dieron bola - contesté
-tendrá hambre y frio... me replicó mi jefe sin dejar de caminar, obligándome a seguirlo para poder continuar la conversación. Indignado me senté en la pc y mande un email a la secretaria del gerente. Me respondió al rato: "Llevale el gatito al Dr. XX (médico de la empresa).- Si cura personas debe curar animalitos también"
Me quedé helado. Angustiado y horrorizado de la falta de humanidad en la gente, hablé con mi esposa por teléfono. Ella me dijo:
-"llevalo enseguida al veterinario"
-pero amor, no tengo plata - respondí.
-yo pago. vos llevalo.
Ella sólo tenía el dinero que había hecho en el día repartiendo comida bajo la nieve y el frío. Para mis adentros sentí un alivio enorme. Al menos la persona que está junto a mí, tiene mi sentir.
Agarré las llaves del auto y busque una caja. Fui a donde estaba el gato moribundo. Apenas respiraba. Yo sabía que era cuestión de tiempo y que había muy poca esperanza. Pero valía la pena. Es un hermano gato, pensé, vale la pena. Es que siempre sentí ese vínculo con los animales y en especial con los felinos. Lo puse en la caja con cuidado. Corrí hacia el auto y enseguida puse la calefacción. Sabía que los gatos hacen hipotermia fácilmente y que eso suele ser mortal para ellos. Fuí directo a la veterinaria. Ni bien llegué lo entubaron, y le inyectaron adrenalina. La dra me adelantó que había paro cardíaco. Estuvo unos minutos más intentándolo. Mientras yo llamaba a mi esposa por teléfono vino la dra y me comunicó que no había podido salvar al animal.
Me dijo que no me cobraba honorarios profesionales puesto que era un gato de la calle. Le pregunté cuanto eran los gastos. 40$... me respondió. De ahi sale el dinero para cremar al animal.
40$ era todo el dinero que mi esposa había hecho hasta ese momento en el día. Me dolió que se perdiera en algo que finalmente fracasó.
La duda que me queda es con todas las personas que no fueron capaces de mostrar un poco de compasión por el animal. Me pregunto: ¿Seré yo? ¿Es acaso que yo soy tan estúpido de conmoverme por un animal? ¿Soy un patético sentimental? ¿O el mundo se ha vuelto un asco?. Algo es muy pero muy cierto. Esta experiencia me hizo sentir mucho más alejado de los demás, de lo que estaba.
Quien diga que ama a Dios, o a la humanidad, y no ama a los animales... miente. Nada hay más importante y más precioso que la vida. Pero no sólo la vida nuestra, sino la vida de los demás, incluído nuestro entorno.
Me quedé amargado, y con bronca. Un sinsabor mezclado, que sólo con el pasar de los días iré superando, y espero que sea pronto.-

Ro

1 comentarios:

Como que somos hermanos y compartimos el mismo sentimiento por la naturaleza es que casi se me parte el alma al leer la crónica...al menos el animal en su lecho de muerte conoció algo de compasión humana, aunque infelizmente tarde.