Clama por mi, incertidumbre,
y dime tú en tu osadía,
dónde he perdido la costumbre
de vivir feliz el día a día.
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Clama por mí, mi sentimiento,
que libre vuela y se expande,
que nunca pasé este camino,
ni por un desafío tan grande.
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Clama por mí, solitario,
mi corazón que ha concluído,
haber perdido itinerario,
de hallarse harapiento y derruído.
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Clama por mí a Dios mismo,
alma mía tan castigada,
que me mande fuerzas de renuevo,
y sobrevivir al egoísmo.
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Clama por mí, lector,
tú que lees lo que escribo,
para que no muera este poeta,
ni triunfe su enemigo.