Color Poesía

por Rodrigo Ferreyra

Poesía: La Soledad

La Soledad
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Yaciendo en el frío pensamiento
suspiros de hielo cincelado,
con forma de ausencia sin remedio,
con el fuego interior apagado.
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Charlo con mis sentimientos,
perfecta agonía del momento,
si no supiera que todo cambia,
quizás terminaría el cuento.
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El momento justo en la noche,
cuando todo se vuelve negro,
el abrazo que aun me falta,
me tortura hasta que duermo.
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En silencio ya la noche,
se extingue en un momento,
amanece y yo dormido,
solo tengo lo que tengo.
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El arrullo y la quietud,
la ausencia de algún beso,
el canto de las estrellas,
el eco de un tequiero.
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Es tarde y amanece,
solo dormí, solo despierto,
me levanto y sigo la vida,
ya me voy, dejo el desierto.
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Ro 27-09-07

Comentario: Volver a mí mismo

Pasó tiempo. Pasaron cosas. Demasiadas.
Actitudes desmedidas, gritos, peleas, todo sumó. Mi presión no soportó mas. Hice mia la canción de La mancha de Rolando "Chino" que dice:

"De ahora en mas viviré viajando lejos de todo lo que me hace mal
lejos está lo que estoy buscando..."

Un día me subí al auto y emprendí el viaje. Albert Einstein lo dijo "no se puede esperar un cambio significativo si se continúa haciendo lo mismo". Lo hice por mí, por mi salud, por mi futuro. A los 33 años se esta en una edad bisagra, donde muchas cosas terminan y donde otras empiezan. Lo mío no era morir por presion alta. Tuve 19-12 aquella tarde. Suficiente para reventar una arteria que esté dañada. Luego de eso, un vegetal para toda la cosecha. Me niego a ello. Me niego con toda el alma.
Solo tomé mis cosas, un frasquito con sueños, otro frasquito con imaginacion usada, y otro con lo que quedaba de mi escencia.

Enfrenté mis demonios, mis miedos, mis cucos. La soledad, el abandono, la falta de pertenencia.
Dejé todo, todo cuanto tenía por recuperar una sola cosa... mi salud.

Luego de transitar por el desierto, ya pasado el punto de retorno, la angustia aumenta. La soledad se me presentó fría y desalmada. No podía siquiera mirarla a los ojos. Con voz de ultratumba me dijo que siguiera camino a las dunas que estaban al norte, y desapareció. Seguí camino y de pronto, del otro lado del desierto, un oasis, y en el hallé una silueta de hombre, parado, como esperando. Me sonrió y me hizo pasar a su tienda, yo le vi cara conocida de hace mucho tiempo.
Me atendió bien, me dió agua fresca y manjares unicos. Me habló de las cosas de la vida, me contó su historia, sus ideales, yo le conté los míos. Pocas veces me sentí tan pero tan cómodo como aquella tarde.

Me fuí, y me dirijí la mirada al horizonte, pleno de vegetación, flores y frutos. Me di vuelta y aquel hombre me mientas me despedía con su mano me dijo: volve pronto.
Le sonreí y le dije: no te preocupes no me voy lejos, ando por acá nomás.

Jamás me fué tan grato pensar en la soledad tan fría...

Gracias a ella, me encontré a mí mismo.