Otoño...
Dice wikipedia: El otoño es una de las estaciones del año. Astronómicamente, comienza con el equinoccio de otoño (entre el 20 y el 21 de marzo en el hemisferio sur y entre el 22 y el 23 de septiembre en el hemisferio norte), y termina con el solsticio de invierno (alrededor del 21 de junio en el hemisferio sur y el 21 de diciembre en el hemisferio norte).
Sin embargo, a veces es considerado como los meses enteros de marzo, abril y mayo en el hemisferio sur y septiembre, octubre y noviembre en el hemisferio norte.
En ambos hemisferios, el otoño es la estación de las cosechas de, por ejemplo, el maíz y el girasol. En literatura el otoño, en sentido figurado, representa la vejez.
Durante el otoño, las hojas de los árboles caducos cambian y su color verde se vuelve amarillento y amarronado, hasta que se secan y caen ayudadas por el viento que sopla con mayor fuerza. La temperatura comienza a ser un poco fría.
Otoño y vejez: Qué tema no?.
Al parecer todos pasamos por las cuatro estaciones de la vida. Primavera hasta los 20, Verano hasta los 45, Otoño hasta los 70, luego el Invierno.
Fijate que hasta los bioritmos de estas estaciones coinciden con las edades. La primavera, el brote y el crecimiento veloz, el verano la época de los frutos, otoño la época de los frutos tardíos y la madurez, la desaceleración, y el invierno es la época de quedarse quietitos en casa, como cuando hace frío. Ya sé que hay ancianos que viven una vida activa, no estoy negando eso. Intento establecer un paralelo entre ambos elementos, las cuatro estaciones, y el ritmo biológico de las personas. Cada vez que veo una persona anciana pienso, esta persona está atravesando su invierno. Y como toda persona que transita el invierno, necesita abrigo, calor humano y companía. Quizás abandonar a un anciano en su soledad no difiera en mucho de dejarlo desnudo y sin abrigo en medio de la nieve. Morirá de a poco, y finalmente se quedará dormido.
Cuando miro a un anciano a los ojos, me retrotraigo imaginariamente a sus épocas de jóven. Imagino lo que daría por tener mi edad, lo que daría por volver a enamorarse por primera vez, a sentir que todo es una novedad. Luego regreso a mí y me digo: "la pucha, no estoy aprovechando mi vida lo suficiente, y se me vá!". Asi que me ato bien los cordones de los zapatos... y salgo a vivir.-
Se asomó a la ventana a mirar la calle, mientras desempañaba el vidrio con el codo y sorbía un poco de café caliente casi aguado y sin azúcar, que acostumbraba beber al levantarse. Miró la hora y apuró el café soportando la temperatura en su garganta. Dejó la taza y pensó en un itinerario adecuado al clima poco favorable que reinaba en el exterior del edificio.
Bajó apurado y casi sin dar respiro a su paso torpe y poco usualmente cadencioso. Miró el reloj nuevamente. Había pasado sólo un minuto, pero más que un hábito, ya era un impulso nervioso en él. Llegó a la puerta exterior del edificio, y al abrir se detuvo a observar la calle nuevamente. Había muy poca gente, casi nadie. Abrió el paraguas y cerrando las solapas de su sobretodo caminó decidido.
Una mano le tocó el hombro con desesperación y él, sobresaltado, se dió vuelta. La mano se escondió debajo de la oscura capa de lluvia de un anciano, al que solo los ojos podía distinguirse entre la oscuridad del callejón en que se encontraba y la tenue luz de la calle. -Disculpe. Dijo el anciano, con voz nerviosa.
-Qué quiere? Preguntó molesto.
-Qué hora tiene?
-5:58 AM
-Pero esa no puede ser la hora, exclamó el viejo. Hace tan sólo un rato eran casi las 3:30 de la mañana!.
-Esta confundido, dijo él aun más molesto y prosiguió su andar.
-Aguarde! Rogó desesperado el anciano.
-¿Ahora que quiere? Preguntó visiblemente enojado.
-Por favor, señor, fíjese bien la hora, es muy muy importante.
Miró el reloj y para su sorpresa, ahora marcaba las 3:40. Sorprendido y algo confuso, sacudió el reloj, y lo puso cerca de su oído. El sonido de las gotas de lluvia sobre el paraguas impedía oír el clásico tictac del mecanismo. Miró a aquel anciano, mojado y solitario y sintiendo compasión le dijo:
-mi reloj anda mal, lo siento, no puedo ayudarlo.
-no, mi amigo. replicó con cierta tristeza, no es su reloj, sino el tiempo el que se descompuso.
-vaya, pensò… son las 6 de la mañana, diluvia como si se terminase el mundo, tengo el reloj descompuesto, y un viejo loco enfrente para completar el cuadro, ¡vaya combinación!.
-No estoy loco si es lo que piensa, yo estoy en esta calle perdido, y no logro encontrar mi casa. No sé ni dónde estoy!
-Cuanto hace que se ha perdido?.
-Unos 40 años, respondió.
-Cuanto??
-40 Años, exactamente se cumplieron a las 3:15 AM de hoy.
Cuando ya estaba resuelto a ignorar y dejar al geronte en su locura y continuar su camino, se percató de que no recordaba hacia donde se dirigía antes, ni de donde venía. Se quedó parado con los ojos cerrados, apretando la frente con los dedos en un esfuezo mayor por recordar. Se sentía confuso. Al abrir los ojos, el anciano ya no estaba. Sólo había dejado su capa en el suelo, pero simplemente se había esfumado. Tomando la capa en sus manos, observò en todas las direcciones. Resignado se cubrió con ella, pensando que un día ese no se desperdicia tan útil elemento, que para colmo, era de su talla. Pero aún no recordaba nada, de tal manera era su olvido que le daba la sensación de que no hubiese ocurrido otra cosa antes que ese preciso momento. Miró el reloj asustado. Marcaba las 3:29. Un hombre con un paraguas negro y empapado se acercó apurado por la calle. Entonces se corrió para cruzarlo al paso, y le dijo:
-Disculpe
-Qué quiere? respondió el caminante.
-Qué hora tiene?
-5:58 AM
-Pero esa no puede ser la hora, dijo èl. Hace tan sólo un rato eran las casi las 3:30.
-Esta confundido, dijo el transeúnte mirándolo fijamente. El se percató de los hechos.
Confundido y resignado, comenzó su larga búsqueda. Mientras tanto, en lo alto de un edificio, un hombre se asomaba por la ventana empañada de su departamento, y con un café en la mano, observaba la calle, mientras soportaba el olor a encierro y madera vieja, que se mezclaban con la humedad del ambiente. Había llovido toda la noche y el invierno amenazaba ser más crudo aun...