Esta carta fué escrita el 22/01/06 cuando a mamá le practicarían una biopsia ósea a fin de determinar el grado de avance de la metástasis ocasionada por el cáncer de mama. Mientras ella estaba anestesiada escribí esta carta que para muchos que la han leído ha sido de inspiración. El 30/09/06 falleció y ayer se cumplieron 2 años. Como homenaje a su memoria, les comparto esa carta y la respuesta de mi madre...
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Mamá:
En este momento que estas dormida, te escribo estas palabras.
Dicen que cuando dormimos estamos un paso más allá de la vida, un poco más cercanos a la otra vida, más cercanos al otro mundo. Si soñamos, es porque de esa cercanía provienen todos esos momentos tan vividos y hermosos que nos hacen sentir una irremediable pérdida en nuestro despertar a la frivolidad de la realidad, que trae aparejadas las cosas buenas junto con las otras. Ahora mientras dormís, estarás soñando esos momentos únicos en que ni el frío ni el calor, ni la tristeza ni los colores grises tienen influencia alguna en nuestra experiencia tan plena de satisfacción.
Soñando tenemos alas, flotamos, nos sumergimos en agua tibia y respiramos, corremos grandes distancias, somos tan libres incluso del propio cuerpo, somos tan libres de la naturaleza misma de nuestro mundo, que si despertamos es sólo para ver la tarea tan enorme y vital que tenemos… hacer de este mundo uno más parecido a esos sueños.
Si la vida consistiese tan sólo en soñar, no podríamos vivir creciendo, y sin crecer haríamos que el tiempo simplemente pasara a nuestro lado convirtiendo nuestra vida de un “ser” a sólo un “permanecer”. Y en ello va el desafío de despertar.
Hay gente que no sueña sin embargo, solo viven en un estado de vigilia aparente, sin darse cuenta que el letargo en el que están surmergidos es aún mayor, y por cierto, muy destructivo. Sin haber soñado ven la vida misma en tonos de gris. Sin vida, sin color.
Despertar y conectar la realidad con los sueños, nos proporciona una vision hermosa y aún más precisa de la realidad en que vivimos, en algún sentido es un retornar a las bases mismas del alma y de su niñez perpetua. Ver un atardecer y emocionarse hasta las lágrimas, mirar un flor y darse cuenta que el autor de semejante belleza la firmó con una frase “La pensé para ti”. Darse cuenta de la belleza dentro de todas las cosas, aún dentro de la adversidad explica los porqués más difíciles. Eso, es un despertar. Ya no para salir de los sueños una realidad brutal y despiadada, sino para salir de los sueños y despertar en otro más bello aún… la felicidad de vivir una vida hermosa, rodeada de belleza.
Visto de esta manera, el fin del camino es sólo el retorno, a ese sueño hermoso al que sólo atinamos vivenciar por tramos, cada noche, suspiro a suspiro. Cuánto más será estar allí, y estar seguros de que en es mundo utópico y eterno, si hay un despertar luego, será sólo para ver los ojos de nuestra madre llorar emocionada, la venida de un hijo al mundo, y empezar el ciclo nuevamente.
Por ahora soña un poco más. Y en tu sueño seguí los placenteros caminos de aquel otro mundo paralelo. Al despertar acordate de esto, todo lo hecho para esto fue hecho, para perpetuar lo infinito en lo pequeño, en lo simple, y en lo bello. Tal vez no entiendas del todo lo que he escrito, pero sin dudas lo sabés y lo has descubierto.
Soñar… soñar… qué hay más hermoso que un dulce sueño? La respuesta esta a tu alrededor, en todo lo que te dio el Cielo, la vida misma por tanto es sólo eso… un sueño. El despertar es sólo cambiar de mundo para regresar luego. Cual mundo será el que elijas para haber vuelto? Si ha de ser este, soñaremos y si ha de ser aquel, soñaremos aún más.
Hoy sueño con verte bien. Y que despiertes pronto.
Ro.
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