Color Poesía

por Rodrigo Ferreyra

Cuento: El Ciclo

por Rodrigo Ferreyra

El olor a encierro y madera vieja, se mezclaban con la humedad del ambiente. Había llovido toda la noche y el invierno amenazaba ser más crudo aun. No amanecía todavía, pero tampoco importaba demasiado, en días como este poco se nota la diferencia entre día y noche.

Se asomó a la ventana a mirar la calle, mientras desempañaba el vidrio con el codo y sorbía un poco de café caliente casi aguado y sin azúcar, que acostumbraba beber al levantarse. Miró la hora y apuró el café soportando la temperatura en su garganta. Dejó la taza y pensó en un itinerario adecuado al clima poco favorable que reinaba en el exterior del edificio.
Bajó apurado y casi sin dar respiro a su paso torpe y poco usualmente cadencioso. Miró el reloj nuevamente. Había pasado sólo un minuto, pero más que un hábito, ya era un impulso nervioso en él. Llegó a la puerta exterior del edificio, y al abrir se detuvo a observar la calle nuevamente. Había muy poca gente, casi nadie. Abrió el paraguas y cerrando las solapas de su sobretodo caminó decidido.
Una mano le tocó el hombro con desesperación y él, sobresaltado, se dió vuelta. La mano se escondió debajo de la oscura capa de lluvia de un anciano, al que solo los ojos podía distinguirse entre la oscuridad del callejón en que se encontraba y la tenue luz de la calle. -Disculpe. Dijo el anciano, con voz nerviosa.

-Qué quiere? Preguntó molesto.
-Qué hora tiene?
-5:58 AM
-Pero esa no puede ser la hora, exclamó el viejo. Hace tan sólo un rato eran casi las 3:30 de la mañana!.
-Esta confundido, dijo él aun más molesto y prosiguió su andar.
-Aguarde! Rogó desesperado el anciano.
-¿Ahora que quiere? Preguntó visiblemente enojado.
-Por favor, señor, fíjese bien la hora, es muy muy importante.

Miró el reloj y para su sorpresa, ahora marcaba las 3:40. Sorprendido y algo confuso, sacudió el reloj, y lo puso cerca de su oído. El sonido de las gotas de lluvia sobre el paraguas impedía oír el clásico tictac del mecanismo. Miró a aquel anciano, mojado y solitario y sintiendo compasión le dijo:

-mi reloj anda mal, lo siento, no puedo ayudarlo.
-no, mi amigo. replicó con cierta tristeza, no es su reloj, sino el tiempo el que se descompuso.
-vaya, pensò… son las 6 de la mañana, diluvia como si se terminase el mundo, tengo el reloj descompuesto, y un viejo loco enfrente para completar el cuadro, ¡vaya combinación!.
-No estoy loco si es lo que piensa, yo estoy en esta calle perdido, y no logro encontrar mi casa. No sé ni dónde estoy!
-Cuanto hace que se ha perdido?.
-Unos 40 años, respondió.
-Cuanto??
-40 Años, exactamente se cumplieron a las 3:15 AM de hoy.

Cuando ya estaba resuelto a ignorar y dejar al geronte en su locura y continuar su camino, se percató de que no recordaba hacia donde se dirigía antes, ni de donde venía. Se quedó parado con los ojos cerrados, apretando la frente con los dedos en un esfuezo mayor por recordar. Se sentía confuso. Al abrir los ojos, el anciano ya no estaba. Sólo había dejado su capa en el suelo, pero simplemente se había esfumado. Tomando la capa en sus manos, observò en todas las direcciones. Resignado se cubrió con ella, pensando que un día ese no se desperdicia tan útil elemento, que para colmo, era de su talla. Pero aún no recordaba nada, de tal manera era su olvido que le daba la sensación de que no hubiese ocurrido otra cosa antes que ese preciso momento. Miró el reloj asustado. Marcaba las 3:29. Un hombre con un paraguas negro y empapado se acercó apurado por la calle. Entonces se corrió para cruzarlo al paso, y le dijo:

-Disculpe
-Qué quiere? respondió el caminante.
-Qué hora tiene?
-5:58 AM
-Pero esa no puede ser la hora, dijo èl. Hace tan sólo un rato eran las casi las 3:30.
-Esta confundido, dijo el transeúnte mirándolo fijamente. El se percató de los hechos.

Confundido y resignado, comenzó su larga búsqueda. Mientras tanto, en lo alto de un edificio, un hombre se asomaba por la ventana empañada de su departamento, y con un café en la mano, observaba la calle, mientras soportaba el olor a encierro y madera vieja, que se mezclaban con la humedad del ambiente. Había llovido toda la noche y el invierno amenazaba ser más crudo aun...

FIN

1 comentarios:

Este comentario ha sido eliminado por el autor.